lunes, 21 de marzo de 2016

Hazme



Hazme, hazme eterno. Como las palabras que quedan escritas en papel y en recuerdo.
Aquellas que pasan de boca en boca, viajando sin peaje y desgastando suspiros involuntarios.
Palabras necesarias que arrancan pasiones si se pronuncian con la voz adecuada, y que difícilmente se quedan a medias.

Hazme, hazme grande. De forma que pueda pisar fuerte la inestabilidad del mundo.
Que no tenga que dar explicaciones ni a mi ni a nadie. Sobretodo a mi.
Tan grande que pequeños sean los que me miren, que sientan lo que es hablar desde abajo y bailen sobre mi larga sombra.

Hazme, hazme tuyo. En noches y mañanas, en febreros de veintiocho y treinta días, en veranos de frío e inviernos de tirante, en lugares lejanos donde las ganas nos hagan verlos cerca. Donde sea, cuando sea y como sea.
No me dibujes el limite, que otros ya han adquirido la costumbre de hacerlo a pulso y sin doblarse.

Tu hazme, hazme entero. Que yo ya me encargo de hacerte.



domingo, 20 de marzo de 2016

Caímos



Caímos tan bajo que la oscuridad se nos hizo cielo.
Por un instante nos perdimos, la luz se apagó ante nosotros,
y todo dejó de girar a la espera de un encuentro.

Como ilusos nos dejamos, esperando que el otro frenara nuestro impulso de correr.
Pero no corrimos, caímos más y más hasta toparnos con la soledad del suelo.
Aquellas palabras que nunca dijimos nos hicieron de contrapeso, mientras que el miedo hizo el resto.

Caímos tan bajo que nuestro silencio bailaba junto al eco, sin querer se hicieron amigos.
Nuestras miradas intentaban observarse, pero tu falta de luz las cegaba sin remedio.
Por mucho que te buscaba solo me topaba con rocas que impedían mi paso a gatas hasta tu encuentro, y cada vez que las escalaba y mis ganas de rozarte ascendían, solo llegaba a tocar el techo.

Caer, solo hacíamos caer. Perdimos la noción del tiempo.
Las horas fueron segundos y los segundos días de desencuentro, en los que tu silencio y el mio hablaban en susurros y se preguntaban de que manera habíamos llegado tan lejos.

Siempre lo supimos y nunca lo evitamos. 
Y al final caímos, caímos tan bajo que sin querer nos perdimos.  

viernes, 18 de marzo de 2016

¿Sientes eso?



¿Sientes eso? Es el peso de mis recuerdos sobre tu pecho.

No te preocupes, el tiempo es el mejor maestro para volver a aprender a respirar.
Durará algunos días, tal vez alguna que otra semana, en donde tus latidos tendrán el antojo de pensarme.

 A ratos latirán sobre aquel día en el que dormimos abrazados, incluso se atreverán a tararearte la canción que te cantaba bajo aquel ukelele desafinado.
Son latidos caprichosos y masoquistas que buscan instalarse en algún lugar de ti.

¿Sientes eso? Es mi olor, que ha llegado a ti de pasada al cruzarte con aquel extraño.

Préstale atención aunque solo sea un momento, o ignóralo como actuaste ignorar mi despedida.
Cuando los recuerdos te reclamen, tal vez en una de esas noches en la que no puedas dormir, recuérdales que por ellos hice todo lo que pude.
En los peores momentos, en esos en los que mi piel se hacía cristal, sonreír se convertía en un acto   de valentía.
Ellos lo saben, pero tu cuéntales de nuevo. Diles de mi parte que lo nuestro fue fugaz, como la mayoría de las historias que se consumen por la intensidad.

Aunque no lo parezca seguiré respirando por algún lugar de la ciudad, tal vez con la ligera fantasía de que vendrás a buscarme. Tu tranquilo, intentaré ignorarla cuando aparezca incesante a ilusionarme.
Quedarse a esperar nunca fue la mejor opción, por mucho que mi interior me grite que lo haga.
Yo seguiré, con mi rumbo tan poco exacto y mi exceso de imaginación en la mochila.

Yo y mi extraña manía de escribirte, tu y tus ganas de mirar hacía delante sin ver que alguien como yo nunca pudo seguirte.

¿Sientes eso?