lunes, 21 de marzo de 2016

Hazme



Hazme, hazme eterno. Como las palabras que quedan escritas en papel y en recuerdo.
Aquellas que pasan de boca en boca, viajando sin peaje y desgastando suspiros involuntarios.
Palabras necesarias que arrancan pasiones si se pronuncian con la voz adecuada, y que difícilmente se quedan a medias.

Hazme, hazme grande. De forma que pueda pisar fuerte la inestabilidad del mundo.
Que no tenga que dar explicaciones ni a mi ni a nadie. Sobretodo a mi.
Tan grande que pequeños sean los que me miren, que sientan lo que es hablar desde abajo y bailen sobre mi larga sombra.

Hazme, hazme tuyo. En noches y mañanas, en febreros de veintiocho y treinta días, en veranos de frío e inviernos de tirante, en lugares lejanos donde las ganas nos hagan verlos cerca. Donde sea, cuando sea y como sea.
No me dibujes el limite, que otros ya han adquirido la costumbre de hacerlo a pulso y sin doblarse.

Tu hazme, hazme entero. Que yo ya me encargo de hacerte.



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